Este hombre, a quien todos llamamos el tío Juan, no se queja de nada, todo le parece bien. Es un estoico. Le suele acompañar un asistente del intendente Darracq, que vive en Ustariz y que se llama Alí.
El tío Juan y Alí van siempre juntos, animando a los demás.
Otro tipo extraño es un muchacho inglés que vino a Bayona de San Sebastián con Tilly. Como no conocemos su nombre y por lo que parece no quiere decirlo, le llamamos el Inglesito. El Inglesito se ha incorporado a nuestra pequeña legión extranjera de una manera aristocrática e individualista; lleva dos criados a su servicio y una tienda de campaña. Siempre le vemos correctamente vestido, recién afeitado. El inglés éste parece una estatua griega por su expresión fría y académica. Tiene el aire de un hombre rico, su traje es irreprochable y sus cuellos y sus puños están siempre limpios y sus zapatos recién barnizados, como si fuera a pasear a Hyde Park.
El Inglesito ha hablado con Mancha, el jefe de nuestra legión extranjera; no parece que quiere tener relación con nosotros y ha debido poner sus condiciones; nosotros, yo por mi parte, estamos dispuestos a respetar su reserva y a no ocuparnos de él.
Urdax, 16 Octubre.
La salida de Bayona fué para mí completamente inesperada. El día 13 me llamó Valdés, y me dijo que había sabido que los dos Gobiernos, el de Luis Felipe y el de Fernando, habían hecho un convenio, y que no teníamos otra solución que adelantarnos o abandonar la empresa. El se lanzaba dispuesto a todo, y al día siguiente al amanecer saldríamos camino de la frontera. Se dieron las órdenes necesarias para la marcha, y salimos de Bayona.
Iban con nosotros Chapalangarra y Méndez Vigo. El 14 llegamos a Saint Pee. Yo dormí en el Castillo de los Brujos de este pueblo. Salimos de allá y al llegar a la frontera entre Añoa y Dancharinea, Chapalangarra y el general Méndez Vigo se despidieron de nosotros el uno para ir a San Juan del Pie del Puerto, el otro a Mauleón.
Hoy por la mañana hemos llegado a Urdax. Nos hemos apoderado del punto avanzado que abandonaron los tercios y de las armas que había aquí guardadas. Llevábamos una proclama, suscrita por varios jefes, dirigida al ejército español, invitándole a imitar al francés, pasándose a nuestra bandera y a librar a la patria del yugo que la oprime. Se han dado vivas a la libertad y a la Constitución, y se han montado dos piezas pequeñas de campaña que encontramos en el puesto avanzado.
Como nos preocupa la cuestión de la alimentación, se han mandado agentes a comprar víveres a los pueblos de alrededor.
Estoy deseando entrar en fuego.