—Señores, tengo que salir un momento, vuelvo en seguida—dijo don Juan Martín a los concejales.
Salimos corriendo del salón de sesiones, desenvainamos los sables, bajamos las escaleras a saltos y llegamos al zaguán. En aquel mismo momento se oyó una gran gritería en el edificio; un hombre intentaba cerrar la puerta; pero al ver que el Empecinado y yo nos echábamos sobre él con los sables en alto, la abrió y nos dejó pasar.
Los realistas se hacían dueños del edificio, se oían gritos y tiros en el interior del Ayuntamiento.
El Empecinado y yo montamos a caballo, y al galope, por la calle de Santiago, llegamos al Campo Grande. Reunimos a los oficiales y se dió la orden de salir inmediatamente camino de Tordesillas.
No habríamos dado cien pasos fuera de las puertas de la ciudad cuando comenzaron a tocar las campanas de las iglesias a vuelo. Sin duda se celebraba el triunfo de los realistas y la aproximación del cura Merino, que había dejado Palencia y estaba a una jornada de Valladolid.
Llegamos a Tordesillas, nos alojamos de mala manera, y al día siguiente nos dirigimos camino de Salamanca.
La Milicia nacional de esta ciudad, mandada por el catedrático Barrio Ayuso, se unió a nuestra columna, y reunidos todos llegamos a la plaza de Ciudad Rodrigo, que era el punto donde habíamos pensado establecer el cuartel general.
Yo, con otros oficiales, me encargué de organizar las fuerzas. Se nos incorporaron bastantes soldados del ejército regular. Se ocuparon los dos cuarteles de infantería y el de caballería del pueblo, y el resto de la fuerza tuvo que alojarse en las casas y en las iglesias.
La infantería quedó al mando del coronel Dámaso Martín, hermano del Empecinado, y de un guerrillero de la época de la Independencia apellidado Maricuela.
La columna de caballería, mandada por el propio don Juan Martín, se componía de ochocientos caballos. La vanguardia de esta fuerza se hallaba formada por cien lanceros que habían servido en la guerra de la Independencia a las órdenes de don Julián Sánchez, y por cincuenta soldados del regimiento de Farnesio, mandados por el capitán Lagunero.