En este momento el capitán Mala Sombra dió la orden de ataque, y de la derecha como de la izquierda, a media rienda y lanza en ristre, se precipitó nuestra caballería contra los pelotones aislados de los realistas. El enemigo no tenía más defensa que sus sables y no se pudo defender con habilidad.

Juan de Dios reunió sus cincuenta vaqueros dispersos, y volviendo grupas y en perfecta formación, arremetió de frente contra los absolutistas, como si se tratara de una torada.

El grueso de la caballería enemiga se había detenido, y retrocediendo y al galope intentó atravesar el soto; pero al acercarse al boquete por donde había pasado, se encontraron los jinetes atacados por las tropas de don Dámaso y de Maricuela, y comenzaron a caer los hombres y los caballos.

Los realistas, consternados y en la mayor perplejidad, volvieron de nuevo grupas buscando una salida, y comenzó la desbandada. Azorados al verse metidos en aquella trampa, la mayoría se rindió y los demás siguieron su ejemplo.

Duró la acción diez minutos escasos; quedaron muertos en el campo a lanzadas unos veinte hombres y hubo próximamente cincuenta heridos.

El escuadrón realista en pleno quedó hecho prisionero, a excepción de tres o cuatro oficiales que tenían magníficos caballos y que escaparon dando un gran rodeo. Estos oficiales, por lo que supimos después, llegaron una hora más tarde a Alba de Tormes, contaron lo ocurrido, salió de la villa una columna realista de infantería, y con los carros y maderas que había llevado Juan de Dios el día anterior parapetaron el puente y quedaron en él de guardia.

Teníamos nosotros unos doscientos cincuenta prisioneros, a quienes se prohibió maltratarlos o despojarlos. Entre ellos había diez oficiales. De estos prisioneros cuarenta eran piamonteses bien equipados que montaban caballos muy buenos.

Al acercarnos Mala Sombra y yo a ellos, nos decían:

Io eser cristiano católico. Mí no querrer haser mal.

Discutimos Mala Sombra y yo lo que se haría con los prisioneros, y como en el caso de querer incorporarlos a nuestras fuerzas no podían merecernos confianza, decidimos entregarlos en varias remesas.