Por la tarde, Juan de Dios y el Chiquet se presentaron en el puente con bandera blanca de parlamento, pasaron, dijeron a lo que iban, y al día siguiente, con una escolta de cincuenta caballos, llevaron cien prisioneros y los heridos.

Los realistas los recibieron con aclamaciones y bravos, y Juan de Dios y el Chiquet, después de ser muy obsequiados, volvieron a nuestro campo radiantes de satisfacción.

Nos quedaban aún cerca de noventa prisioneros. De éstos, unos eran mozos recién sacados de los pueblos de Castilla y uniformados en Valladolid. Se les indujo a que se quedaran con nosotros y algunos aceptaron, pero la mayoría, no.

La misma proposición se hizo a los cuarenta piamonteses, los cuales procedían de un regimiento que estaba en Valladolid, mandado por el príncipe de Carignan, que era miembro de la Casa de Saboya.

El príncipe de Saboya-Carignan había entrado en España bajo las órdenes del duque de Angulema, con una tropa alistada en el Norte de Italia, y se distinguió después, según dijeron, en el Trocadero.

De los piamonteses, sólo dos aceptaron el quedarse entre nosotros; un jovencito rubio llamado Emilio Pancalieri y otro muchacho alto, moreno, apellidado Corti. Los dos hablaban algo el castellano y eran sin duda gente aventurera.

Reunimos nuestro botín de granos, ganado, caballos, armas y uniformes de los realistas, y nos apresuramos a salir para Tamames, con el objeto de reunimos con nuestro general.

Llegamos por la tardecita a la villa y encontramos al Empecinado casi completamente restablecido.

Le conté con detalles la acción de Alba y lo que se había hecho con los prisioneros, y le pareció todo tan bien, que dijo que propondría a Mala Sombra al Gobierno para que le diese la cruz de San Fernando y le ascendiera a comandante de escuadrón. Habló después familiarmente el general con los muchachos que se nos habían unido y con los dos piamonteses, y como el Empecinado tenía sencillez e ingenuidad efusiva, llegó a cautivarlos.

Dispuso don Juan Martín que en Tamames descansase y se racionase la tropa, y envió los carros y el ganado requisado inmediatamente en dirección de Vitigudino.