—¿Por la signorina Conchita?
—Sí.
—¡Oh, no! ¡Maché! ¡Qué folia! Questa signorina está bien para pasar el rato ma nada más.
—Amigo—le dije yo—, esa muchacha que para usted no sirve mas que para pasar el rato, para este pobre hombre, era toda la vida...
Y mientras decía esto, la mirada de Mala Sombra, terrible y trágica, parecía confirmar mis palabras.
XI.
FINAL
Había concluído de hablar Aviraneta, y repantigado en la butaca miraba el humo de su cigarro, que se elevaba en volutas en el aire.
—¿Y qué fué de la Conchita?—dije yo.
—Me dijeron muchos años después que se había casado.
—¿Con Pancalieri?