Mientras hablaba Samuel se veía la mezcla del miedo con el deseo de la ganancia.

Unía cierta elocuencia florida al acento llorón y sibilante.

En medio de toda su blandenguería se notaba que el buen Samuel era un águila para el comercio y que hubiera vendido hasta a su padre. Luego Lione nos habló de sus antepasados, que eran españoles, que habían vivido en Medina del Campo y habían sido expulsados de Castilla en tiempo de Felipe III. Su apellido verdadero era León, o de León, y al refugiarse en Francia lo afrancesaron y lo convirtieron en Lione. Tenía todos los papeles y títulos de pertenencia de la familia y hasta la llave de la casa de Medina.

Respecto a la pretensión del Niño de Baza, dijo que fuera por allí, y que ya vería.

Después de cuatro horas de charla me volví a casa de Mesoda.

Al día siguiente pasé de nuevo por el despacho de Samuel Lione, que me prestó cien duros. Le dije a Borja Tarrius y a Moreno Guerra que me marchaba a Gibraltar y que les escribiría. Borja Tarrius me indicó que le habían encargado aquel mismo día de la educación de los hijos de varios cónsules europeos de Tánger; que ya tenía medios fáciles de vida, y que preferiría un país templado como aquél que un país frío como Inglaterra, y que se quedaba definitivamente allá.

Moreno Guerra me dijo que le avisara adónde iba y lo que hacía.

Comimos, charlamos mucho, me despedí de la familia judía, me acompañaron Borja y Moreno hasta la lancha, y me fuí a Gibraltar.


Después de bastantes años, le vi a Borja Tarrius; me dijo que el Niño de Baza se había casado con la nieta de Lione y había tenido un hijo con la Sara. El Niño de Baza, hecho un completo bandido, llegó a ser hombre de fama en el país, y en una de las expediciones al centro de Africa le mataron en el Desierto.