Era Mendi hombre de unos veinticinco años, de gallarda figura. Se expresaba siempre con un aire atento y expresivo, y decía las mayores impertinencias con una impertérrita frescura. Hablaba el castellano bien, pero de una manera afectada; y esta afectación se elevaba de punto cuando se expresaba en francés. Entonces cambiaba de voz y de gestos. Sólo hablando el vascuence parecía natural en la voz y en los ademanes. Como era temprano y no se cenaba hasta las ocho y media, me propuso Mendi dar un paseo; hacía una hermosa noche de luna.
Cogimos nuestros sombreros y marchamos por entre callejuelas. El pueblo estaba a obscuras. No había alumbrado en Alejandría, y donde no entraba la luz de la luna se iba tropezando y metiéndose en basuras.
—Erri ziquiña au—(Este pueblo es muy sucio)—me decía de cuando en cuando Mendi, en vascuence, con su voz ronca.
Salimos a un arenal que estaba lleno de ruinas, y fuimos a sentarnos en un monolito grande, que estaba medio sepultado al lado de otro enhiesto. Debían ser las agujas de Cleopatra. Cerca se levantaba una gran torre. Aquel paisaje, aquella ruina a la luz de la luna, parecía algo de ensueño. No hacía calor: una brisa fresca y húmeda venía del mar, que murmuraba a pocos pasos.
Mendi se sentó en la piedra y me contó sus vicisitudes en aquel pueblo, donde, según él, no había elementos. Esta era su muletilla. Se había puesto a dar lecciones de música y de piano. ¡Música a aquellos bárbaros! ¡Cosa inútil! No tenía mas que pocas lecciones a tres duros: dos señoras, un fraile y unos zarpajuelos de judíos, como decía él.
De pronto Mendi dejaba su voz afectada, y decía en vascuence, con su voz fuerte.
—¡Yo, que vivía allí en Tolosa tan bien, que me llevaban a la cama todos los días un tazón de leche caliente con azúcar! ¡Yo en este país asqueroso donde no hay elementos! Paisano, ¡qué final!
Había oído decir que había chacales en los alrededores de Alejandría.
Se oían aúllidos de perros o chacales en el arenal. No me hacía gracia estar allá.
—Vamos a casa—indiqué yo—. Dicen que hay por aquí chacales.