El jefe se acercó á mirar hacia abajo. La claridad del sol había huído del valle, y la oscuridad y la sombra reinaban en él.

El exterminador se persignó, murmuró algo como una oración y á caballo desapareció rápidamente.


EPÍLOGO

La noticia de la muerte del canónigo produjo en Cuenca gran sensación.

Se inventaron mil hipótesis y cábalas acerca de las causas de la muerte y del autor ó autores del misterioso crimen; pero no se averiguó la verdad.

Pocos días después de este suceso el capitán Lozano hizo una de las suyas, que dió mucho que hablar.

El capitán había arrastrado á la Cándida á una vida completa de crápula. La casa de la Canóniga era un ir y venir de jóvenes calaveras, que comían y bebían allí.