El capitán Lozano, entrampado en el juego, había sacado á la Canóniga cinco mil duros para pagar sus deudas. Por lo que se supo luego, en vez de pagar se jugó la cantidad, y la perdió.

Entonces no se le ocurrió cosa mejor que robar la caja del batallón y escaparse con la Adela, la doncella de la Cándida, que era una muchacha muy bonita.

Lozano se proveyó de papeles falsos; fué á Orán, donde tuvo un café, y años después se alistó como voluntario en el ejército francés y murió en una emboscada de los moros.

La Adela, que había seguido con el café de Orán, se casó con el dependiente, un francés trabajador, y se hizo rica.

La Cándida, al saber la fuga del capitán con su doncella Adela, á quien consideraba tan fiel, sintió grandes accesos de melancolía, que intentó curárselos á fuerza de alcohol.

Alguien le indicó que llamara á la Zincalí, la vieja gitana, que tenía filtros para curar el mal de amores. La Cándida la llamó, y la gitana entró en la casa y llegó á apoderarse del ánimo de la Canóniga con sus mentiras y sus arrumacos.

La casa llegó á ser un asilo de la gitanería del pueblo.

La Zincalí se encargó de proporcionar amantes á la Cándida y de sacarle el dinero.

El pueblo entero la había aislado, como á una apestada.