Un día, en el hotel, ya en pleno desaliento, recibió la visita de un español que se llamaba Toledo. Toledo había huído de España por varias estafas, pero se hacía pasar por emigrado político realista.

Balmaseda tuvo la corazonada de oír á su compatriota, de darle una moneda de cinco francos y de explicarle las dificultades con que tropezaba para encontrar dinero.

Toledo le dijo:

—¿Ha visto usted á Fernán-Núnez?

—Sí.

—¿Y á los demás realistas ricos?

—A todos.

—¿Y nada? ¿No están en fondos?

—Nada.