—¿Sabe usted lo que haría yo?—dijo Toledo.

—¿Qué?

—Ir á ver á la princesa de Caraman Chimay.

—¿Y qué tenemos que ver con ella?

—La princesa de Caraman Chimay es nuestra compatriota, Teresa Cabarrús, madame Tallien.

—¡La revolucionaria!—exclamó Balmaseda.

—¡Bah! ya no es revolucionaria—replicó Toledo.—No hay princesas revolucionarias. Además ésta se va haciendo vieja, y como no tiene adoradores de carne, se dedica á los santos, y sustituye el boudoir por la iglesia.

Balmaseda, que era hombre un tanto de sacristía torció el gesto con la explicación, y preguntó secamente:

—¿Y qué puede hacer por nosotros Teresa Cabarrús?

—Mucho. Teresa Cabarrús ha sido la amante del banquero Ouvrard. Ouvrard es el único hombre capaz de prestar para una cosa así una millonada. Si Teresa se lo indica, lo hace.