Aviraneta dió orden á los de sus barcas para que se acercaran á la cabeza del puente, donde se hallaban los carbonarios. En esto se vió avanzar al galope, en la orilla francesa, un general á caballo.

Era el general Vallin. Mandó preparar una batería; los artilleros obedecieron, y sonaron dos estampidos.

—¡Viva el Rey!—gritó el general.

—¡Viva!—contestaron los soldados, sin gran entusiasmo.

Fabvier y sus tropas, al ver que la descarga no había alcanzado á nadie, y creyendo que los artilleros estaban de su parte, gritaron, agitando la bandera tricolor:

—¡Viva la Artillería francesa! ¡Viva la República!

—¡Retiraos, miserables!—oyó Aviraneta que vociferaba el general.

—¡Viva la Libertad! ¡Viva la República!—contestaron los hombres libres.

Entonces el general Vallin volvió á mandar cargar los cañones, y se hicieron varios disparos, seguidos de metralla. Ocho hombres quedaron muertos en la orilla española, y veinte ó treinta heridos.

El general Vallin mandaba hacer alto el fuego, cuando se le presentó el cabecilla español el Trapense solicitando permiso para pasar el Bidasoa, con ochocientos soldados de la Fe, y perseguir á los carbonarios.