Josefina Comerford entró en la lancha, y estuvo sentada al lado de Aviraneta.

Era esta dama realista una mujer seductora: tenía los ojos azules, la tez blanca y el pelo negro. Aunque no de gran estatura, su talle era muy esbelto.

Llevaba traje de amazona, dormán con alamares de oro, y una insignia de plata en la manga. Josefina, al ver que la observaban, tomó una actitud desafiadora y orgullosa.

Beunza la estuvo contemplando con gran atención.

—Lástima que le guste ese frailazo—dijo en vascuence; y uno de los remeros, al oirlo, se echó á reir.

Al bajar en la orilla española, el fraile enarboló el crucifijo, y lo dió á besar á un grupo de aldeanos que se había reunido allá.

Unos ochocientos soldados de la Fe fueron pasando, en barcas, á ocupar Behovia.

Al terminar, viéndose menos vigilado, Aviraneta, en su lancha se dejó llevar por la corriente, y desembarcó cerca de Irún.

Beunza y Cadet se metieron en casa de un amigo, con la intención de volver á Francia. Los demás remeros desaparecieron, y Aviraneta quedó en compañía de un pescador que llamaban el Arranchale, un francés apodado Nación y el Lobo.

En Irún se estaban haciendo preparativos para la entrada de Angulema, y como allí Aviraneta era conocido, decidió marchar á San Sebastián á pie.