VII.
HUYENDO
Aviraneta y el Lobo, con los dos hombres de las barcas, Arranchale y Nación, tomaron el camino de San Sebastián. La noche estaba obscura, no se veía una luz en todo el campo.
Al llegar al alto de Gainchurizqueta se desviaron del camino, se metieron en una borda y se echaron á dormir sobre la hierba seca.
Aviraneta estaba rendido del ajetreo de los días anteriores.
Al amanecer se despertó el Lobo, llamó á los compañeros y salieron de la borda.
La mañana estaba radiante, el cielo muy azul y los campos muy verdes.
Durante la marcha fueron hablando los cuatro. El francés, Nación, era un hombre fuerte, membrudo, sombrío, de tipo brutal. Era del Norte, vestía un traje azul, de tela basta. Tenía los brazos tatuados y un anillo en la oreja; fumaba en una pipa corta y negra, en la que hundía el dedo pulgar. Nación consideraba España y el Mediodía de Francia como países salvajes.
Aviraneta le hizo algunas preguntas que no quiso contestar. Habló únicamente de los sitios de Europa que había recorrido, que al parecer eran muchos, y se dejó decir que había estado en los pontones. Aviraneta supuso que era algún forzado escapado de presidio.