—¿Qué hay?—preguntó Aviraneta.
—¿Usted cree que no podremos entrar en estos pueblos con seguridad?
—No; seguramente que no. Sabrán que los franceses han tomado Logroño y los realistas estarán alborotados.
—Pues yo sé un sitio donde estaremos seguros.
—¿En dónde?
—En un convento de monjas. Tenemos que desviarnos una hora de camino.
—¡Bah! No importa.
—Entonces vamos allá.
Se puso el Estudiante á la cabeza del grupo y los demás marcharon tras él.