—Soy delegado de la Regencia de Urgel—le dijo—y he venido para pedir al Gobierno francés un auxilio de dos millones de francos, orden para el paso de armas por la frontera, dos regimientos suizos, un buque de transporte y una fragata para auxiliar á los realistas de España.

—¿Y el Gobierno se lo ha concedido?

—En parte sí, en parte no. El dinero no lo tenemos aún, y como los trabajos urgen, he pensado si usted podría anticiparnos trescientos mil francos á cuenta de los dos millones que tenemos que cobrar.

—Amigo mío—dijo Ouvrard, sonriendo—su proposición me prueba que no es usted un hombre de negocios.

—¿Por qué?

—Porque yo no le puedo prestar trescientos mil francos; la Regencia los tragaría en un momento, y yo perdería mi dinero. Usted necesita cuatrocientos millones de francos, y yo se los puedo proporcionar á usted en ciertas condiciones.

El español, estupefacto, murmuró:

—Veamos en qué condiciones.

—Estas condiciones son: Primera. La Regencia de Urgel se llamará desde luego Regencia de España.