—Esto no creo que sea difícil—dijo Balmaseda.

—Segunda. La Regencia será reconocida con personalidad por el Congreso de Verona y por Francia.

—Trabajaré en ello. El ministro Villele parece que se muestra propicio.

—Tercera—siguió diciendo el banquero—. Se asegurará una amortización del 2 por 100.

—Está bien.

—Cuarta. Se pagará un interés del 5 por 100. De aceptar, M. Rougemont de Lowenberg será el banquero.

—Por ahora no encuentro nada imposible.

—Y quinta y última. El Gobierno español me reembolsará las sumas que le he prestado anteriormente, con los intereses.

A esto Balmaseda calló un momento y dijo, después de pensarlo, que no tendría más remedio que consultar con la Regencia.