—¿Milicianos? ¿Por qué lo ha supuesto usted?

—Qué sé yo.

—¿Es usted el alcalde del pueblo?—le preguntó á su vez Aviraneta.

—Decía si eran ustedes milicianos.

—Yo decía si era usted el alcalde ó el juez.

El Trigueros comprendió que no le querían contestar, y replicó con cierta sorna amenazadora:

—Aquí se asegura que son ustedes amigos del Empecinado.

—¿Dónde es aquí?

—En el pueblo.

—¿Es que aquí le tienen mucho cariño al Empecinado?