—¿Aquí? Ninguno.

—¿Les gustará más Merino?

—Claro.

—Como cura. Es natural.

—Qué, ¿ustedes no son partidarios de los curas, verdad?

—¿Por qué no?

—¡Como dicen que son ustedes milicianos!

—¡Bah! ¡Tantas cosas se dicen!

El Trigueros, viendo que no sacaba gran partido con sus preguntas, escupiendo por el colmillo, se fué de allá.