Contó también el Rito una historia clásica de un caballero cautivo, encerrado en el sótano del castillo, que había escapado viendo que una serpiente entraba en un subterráneo y siguiéndola. Este subterráneo se llamaba la Lapa de la Sierpe.

—Subterráneo que no existe—dijo Aviraneta irónicamente.

—Sí, señor; existe.

—¿Usted lo ha visto?

—Sí, sí. Y si quiere usted se lo enseñaré.

—Vamos á verlo.

Cogió el Rito el farol y dijo:

—Sígame usted.

Se acercaron á la torre y comenzaron á bajar una escalera de caracol, de piedra, con los escalones primeros derruídos. A poco de descender la escalera era practicable y se podía bajar por ella con seguridad. Bajaron cinco ó seis varas, hasta llegar á un sótano abovedado. De él partía un pasillo y cerca se veía una poterna ferrada y llena de clavos. El Rito descorrió un cerrojo enmohecido y apareció la boca de un subterráneo, que lanzó un hálito de frío y de humedad.

—Aquí tiene usted la Lapa de la Sierpe—dijo el Rito.—Si quiere usted entraremos.