Dieron la vuelta al castillo, y el Rito gritó dirigiéndose á sus compañeros: ¡Masones! ¡Negros!

—¿Volvemos de nuevo por la Lapa de la Sierpe?—preguntó el Rito, riendo.

—Sí; vamos por allá.

Entraron de nuevo en el largo subterráneo y llegaron al castillo.

Algunos soldados se habían despertado y estaban buscando á Aviraneta para decirle que habían oído gritos en el campo. Aviraneta los tranquilizó diciendo que había sido el Rito. El sol comenzaba á brillar. Aviraneta miró á todas partes con su anteojo. No se veía nada. Algunos soldados empezaban á despertarse y á vestirse; un murciano cantaba:

Cartagena me da pena

y Murcia me da dolor.

¡Ay, Cartagena de mi vida,

Murcia de mi corazón!

Antonio Martín se despertó, y viendo á Aviraneta todavía derecho le dijo: