En su disputa se dijeron las dos cosas muy duras. D. Víctor, en parte por mala intención, y también por favorecer á su amigo, escribió un romance, del que pensó hacer tres copias, y mandarlas una á la Cándida, otra al obispo y otra á Sansirgue. El romance se llamaba A la Canóniga, y empezaba así:

En un caserón vetusto

más alto que la Mangana,

más negro que un solideo

y un escudo en la fachada

con un sol, una sirena,

dos dardos y una granada,

una vieja pergamino,

siete lustros en cada anca,

echando lumbre los ojos