La confitera encendió una lámpara, y su luz mortecina comenzó á iluminar la tienda; del fondo del taller venía un olor á cera, á azúcar y á retama quemada.

En un convento una campana sonaba aguda y constante.

En la calle, el Degollado cantaba, acompañado de la guitarra, la oración de San Antonio de Padua:

Su padre era un caballero

cristiano, honrado y prudente,

que mantenía su casa

con el sudor de su frente.

Y tenía un huerto

en donde cogía

cosecha del fruto