—Ha hecho usted mal, Esther.
—¿Por qué? ¿Se juega así con la vida de una persona?
—¿Qué adelantará usted con eso?
—Vengarme; ¿le parece a usted poco?
—Poco. Si ha conservado usted cariño por Oswald, es otra cosa.
—No, yo no. No le quiero; pero no dejaré a Fanny sin castigar su perfidia.
—¿Llegaría usted al adulterio por la venganza?
—¿Y quién le ha dicho a usted que llegaría al adulterio? Además, en mí sería un derecho, no una falta.
—Haría usted además desgraciado a Oswald.
—¿No me han hecho desgraciada a mí?