—Lo sé también.
—¿Ha pensado usted con calma en su resolución? Como comprenderá usted, un hombre a quien se le cita y se le dice: «—Si no le correspondí a usted fué porque me engañaron respecto a usted, y me dijeron que era usted lo que no era», ese hombre no puede resignarse a oir tranquilamente esta confidencia.
—¿Y qué va a hacer?
—Buscará una compensación. Nadie se resigna a ser un instrumento de venganza ajena. Usted perturba la tranquilidad de ese hombre.
—¿No perturbaron la mía?
—Sí; pero vengar la perfidia de Fanny en su amante, no me parece justo.
—No me importa. Sólo una cosa me haría olvidar mi venganza.
—¿Cuál?
—El que le pudiera ocasionar a usted algún perjuicio. Usted ha sido bueno para mí—murmuró Esther ruborizándose.
—No, a mí ningún perjuicio puede ocasionarme, pero a usted sí. Fanny es colérica.