—No; usted debe dejarme a mí arreglar este asunto, Esther. ¿Mañana podré verte, Fanny?

—Toda la tarde te esperaré.

—Está bien; trataremos de este asunto.

Fanny se levantó para salir; saludó ligeramente a Esther y tendió la mano a su primo.

—¿Sin rencor?—le preguntó Roberto.

—Sin rencor—afirmó ella dando una sacudida violenta a la mano de Roberto.

Oswald salió sombrío y humillado con Fanny. Esther y Roberto quedaron solos en el taller.

—¿Sabe usted una cosa?—dijo Roberto riendo.

-¿Qué?

—Que no hubiera usted ganado gran cosa casándose con Oswald en vez de casarse con Bernardo... Adiós, hasta mañana.