Seguía nevando; la luz de los globos eléctricos de la puerta del Frontón iluminaba la calle, cubierta de una capa blanca de nieve. Atravesaron Manuel y la muchacha la Puerta del Sol de prisa, subieron por la calle de Correos y en la de la Paz se detuvieron en un portal abierto, iluminado por la claridad, entre confidencial y misteriosa, que daba un farol grande con una luz muy triste.
Empujaron una puerta de cristales, y en la escalera obscura desaparecieron...
CAPÍTULO VI
La nieve.—Otras historias de don Alonso. Las Injurias.—El Asilo del Sur.
Al día siguiente pasó Manuel toda la mañana durmiendo a pierna suelta. Cuando se levantó eran más de las tres de la tarde.
Llamó en el cuarto de Jesús. Estaban la Fea en la máquina y la Salvadora sentada en una silla pequeña, descosiendo unas faldas; el chiquitín jugaba en el suelo.
—¿Y Jesús?—preguntó Manuel.
—¡Tú lo sabrás!—contestó la Salvadora con una voz colérica.
—Yo... me separé de él...; luego me encontré un amigo...—Manuel se esforzó en inventar una mentira—. Quizá esté en la imprenta—añadió.
—No, en la imprenta no está—replicó la Salvadora.