—Mira—le dijo Calatrava a Vidal—. Tú y tu primo os quedáis a cenar aquí; tendréis que hablar, y nosotros nos vamos a otro lado, que también tenemos que contarnos algunas cosas. Llévale a tu primo a dormir a tu casa.
Se despidieron, y Manuel y Vidal se quedaron solos.
—¿Has cenado?—preguntó Vidal.
—No; pero ya he encargado la cena. ¿Y tus padres?
—Estarán bien.
—No.
—¿Y el Bizco?
Vidal palideció profundamente.
—No me hables del Bizco—dijo.