—Hombre, eso depende de lo que tú llames granujada. ¿A engañar le llamas granujada? Pues hay que engañar. No hay otra cosa: o trabajar o engañar, porque lo que es regalarte el dinero, que te conste que no te lo han de regalar.

—Sí, es verdad.

—¡Pero si es que eso lo tienes en todo! Negociar y robar es lo mismo, chico. No hay más diferencia que, negociando, eres una persona decente, y, robando, te llevan a la cárcel.

—¿Crees tú...?

—Sí, hombre. Es más, creo que en el mundo hay dos castas de hombres: unos, que viven bien y roban trabajo o dinero; otros, que viven mal y son robados.

—¡Sabes que me parece que tienes razón!

—Y tal... No hay más que comer o ser comido. Conque tú dirás.

—Nada, se acepta. Otra Sociedad como la de los Tres.

—No compares, que aquello no hay que recordarlo. Aquí no hay un Bizco.