—Y piensas vivir a su costa... Vamos, lo comprendo.
—No, no, señor. No pienso vivir a su costa. Voy a poner una fotografía.
—¡Una fotografía! ¿Tú? ¡Si no sabes hacer retratos!
—Nada. Yo no sé nada, según tú. Pues habrá otros más brutos que yo que hagan retratos. No creo que para ser fotógrafo se necesite ser un genio.
—No; pero se necesita saber, y tú no sabes.
—Ya verás, ya verás como sé, hombre.
—Además, se necesita dinero.
—El dinero lo tengo.
—¿Quién te lo ha dado?
—Una persona.