—¿Fué usted el que impulsó a su querida a prostituirse?

—Yo no, señor.

—Cuando la conoció usted, ¿era ya mujer pública?

—No, señor. Cuando la conocí era modista; un hombre la sacó de su casa; luego, cuando la ví por segunda vez, era ya pública.

Al decir esto, a Manuel le temblaba la voz y las lágrimas pugnaban por salir de sus ojos.

El juez le contempló fríamente.

—¿Quién propuso ir al merendero del puente del Sotillo?

—Vidal.

—¿Vió usted al Bizco rondar por los alrededores del merendero?

—Sí, señor.