—¿No le chocó el que el Bizco rondara el merendero?

—Sí, señor.

—¿Cómo no le comunicó usted la noticia a Vidal?

—Porque mi primo me había dicho que no le hablara del Bizco.

—¿Por qué?

—Porque le daba miedo. Yo, sabiendo esto, no quise asustarle.

—Cuando vió usted que iba a salir, ¿cómo no le advirtió usted que podría estar el Bizco?

—No se me ocurrió.

—¿Qué hizo usted cuando oyó el grito dado por Vidal?

—Salí al balcón del merendero con las tres mujeres y con el Cojo, y desde allá vimos a Vidal y al Bizco en la islilla, que peleaban.