Unas horas después el juez recibió tres cartas urgentes. Las abrió e hizo sonar inmediatamente un timbre.

—¿Quién ha traído estas cartas?—preguntó el juez de guardia.

—Un lacayo.

—¿Hay por ahí algún agente?

—Está el agente Garro.

—Que pase.

Entró el agente y se acercó a la mesa del juez.

—En estas cartas—le dijo éste—se hace referencia a la declaración que ha prestado ese muchacho preso. ¿Cómo alguien puede saber la declaración que ha dado?

—No lo sé.

—¿Ha hablado ese muchacho con alguno?