—Con nadie—dijo tranquilamente el Garro.
—En esta carta, dos señoras a quienes el ministro no puede negar nada, le piden a él, y él me pide a mí, que eche tierra a este asunto. ¿Qué interés pueden tener estas señoras en ello?
—No sé. Si supiera quiénes son, quizá...
—Son la señora de Braganza y la marquesa de Buendía.
—Sí, entonces sé de qué se trata. Los dueños del Círculo en donde estaba empleado el muchacho, tienen interés en que no se hable de la casa de juego. Uno de los dueños es la Coronela, que habrá hablado a esas señoras y esas señoras al ministro.
—¿Y qué relación tiene la Coronela con estas señoras?
—La Coronela presta dinero. Esta señora de Braganza firmó en falso con el nombre de su marido, y el documento lo guarda la Coronela.
—¿Y la marquesa?
—Lo de la marquesa es otra cuestión. Ya sabe usted que, últimamente, su querido era Ricardo Salazar.
—¿El ex diputado?