—No, la cuestión es si tienes tiempo y quieres hacerlo. Yo llevo una carta aquí del juez para tu coronel, pidiéndole que te encargues tú de la captura. Ahora, si no tienes tiempo, dilo.
—Tiempo hay de sobra.
—Entonces ahora voy a dejar la carta a tu coronel.
—Bueno. ¿Habrá alguna propinilla, eh?
—Descuida. Aquí está el chico; no le sueltes, que te acompañe.
—Está bien.
—¿No hay más que decir?
—Nada.
—Pues adiós, y buena mano derecha.
—Adiós.