—Sí, ya lo creo que lo sabría.
—¿Cómo?
—¿Cómo?... Pues lo vería en un manual.
—¡Qué fotógrafo! Estás engañando a tu novia de una manera miserable.
—Ella lo ha querido. Yo no sabré nada, pero ya aprenderé. Lo que quiero ahora es que escribas a estas dos casas de Alemania que traigo aquí apuntadas, pidiendo catálogos de máquinas y de los demás aparatos de fotografía. Además quisiera que pasaras por mi casa, porque tú, con tu talento, me puedes dar una idea.
—Me adulas de una manera indecente.
—No, es la verdad; tú entiendes de esas cosas. Conque ¿irás?
—Bueno, iré algún día.
—Sí, vete. La verdad, créeme, me quiero hacer una persona decente y trabajar, para que mi pobre padre pueda vivir en la vejez tranquilo.
—Hombre, me parece bien.