Bernardo no contestó y siguió paseando por el cuarto.

—¿Te falta mucho?—preguntó de repente, parándose.

—Dos páginas. Si tienes que decirme algo, te escucho.

—Pues mira, la cuestión es ésta. El dinero, efectivamente, es de mi novia. Ella me lo ofreció.

—¿Qué podríamos hacer con esto?—me dijo. Y a mí se me ocurrió el instalar la fotografía. He alquilado un piso cuarto, con un taller muy hermoso, en la calle de Luchana, y tengo que arreglar la casa y la galería... Y la verdad, la galería yo no sé cómo arreglarla, porque hay que poner cortinas... Pero no sé cómo.

—Es raro eso en un fotógrafo, hombre, no saber cómo se arregla una galería.

—Yo sé manejar la máquina.

—Vamos, tú sabes lo que sabe todo el mundo, apuntar, dar al resorte y lo demás ... que lo haga otro.

—No; también sé lo demás.

—¿Sabrías reforzar una placa?