Por la mañana temprano marchó a la imprenta, y al advertir que por la tarde no podía ir le despidieron.

Manuel fué a comer a casa de la Fea.

—Me han despedido de la imprenta—dijo al entrar.

—Habrás ido tarde—saltó la Salvadora.

—No, sino que Ortiz me dijo ayer que esta tarde tenía que ir con él, y lo he advertido en la imprenta y me han despedido.

—Si hasta que esté arreglado eso no puedes empezar a hacer nada—dijo la Fea.

La Salvadora sonrió irónicamente y Manuel sintió que se le enrojecía la cara.

—No, no lo creas si no quieres, pero es verdad.

—Si yo no te he dicho nada, hombre—replicó burlonamente la Salvadora.

—Ya sé que no me has dicho nada, pero te reías.