—¡Quiá, hombre! Le dicen que estuviste aquí, que te dijeron que no te se olvidara el hacer lo de los demás días, y que no saben nada más, sencillamente.

—¿A ti qué te parece?—preguntó Manuel, indeciso, a la Fea.

—Haz lo que quieras; yo creo que Jesús ya sabrá lo que dice, y que a nosotras no nos pueden hacer nada.

—Hay otra cosa—advirtió Manuel—: que yo no puedo vivir escondido mucho tiempo; tendré que trabajar para comer, y me cogerán.

—Yo te llevaré a una imprenta que conozco—replicó Jesús.

—Pero pueden sospechar. No, no.

—¿Prefieres ser un charrán?

—Voy a hacer una cosa: ir ahora mismo a ver a uno que lo puede arreglar todo.

—Espera un momento.

—No, no; déjame.