—Pero su mersé está loca—murmuró la mulata.

—Calla, calla; ¿para qué tanto alborotar? Prepárale agua y jabón y que se limpie.

Salió la mulata, y la baronesa contempló a Manuel atentamente.

—¿De modo que te ha contado ese hombre lo que vienes a hacer aquí?

—Sí, algo me ha dicho.

—¿Y estás conforme?

—Yo sí, señora.

—Vamos, eres un filósofo. Me parece bien; ¿y qué has hecho hasta ahora?

Manuel contó su vida, fantaseando un poco, y entretuvo a la baronesa durante algún tiempo.

—Bueno, no cuentes eso a nadie, ¿sabes?... y vete a lavarte.