—Y el muchacho, ¿qué hace?
—Etá estudiando—contestó niña Chucha con malicia, y lo mostró con los codos sobre la mesa del comedor y la cabeza entre las manos.
Efectivamente, estaba devorando una novela por entregas de Tárrago y Mateos.
CAPÍTULO VI
Kate, La niña blanca.—Los amores de Roberto.—El pundonor militar.—Las cucas.—Disquisiciones antropológicas.
Al mes de instalados en la nueva casa llegaron las fiestas de Navidad, y como en los colegios había vacaciones, la baronesa fué en busca de su hija al del Sagrado Corazón, y volvió con ella en coche.
Niña Chucha se encargó de informar a Manuel y de darle detalles de la hija de la baronesa.
—Es una cantimpla, ¿sabe?, una niña blanca y sosa que parece una muñeca.
Manuel la conocía, pero no sabía si ella se acordaría de él; en los años que no la veía se había hecho una muchacha preciosa. No recordaba en su tipo a su madre; aunque rubia como ella, debía de parecerse al padre. Era blanca, de facciones correctas, ojos azules claros, de cejas y pestañas doradas y el pelo rubio, sin brillo, pero muy bonito.
Al llegar a casa, niña Chucha hizo grandes demostraciones de cariño a la colegiala; Manuel fué reconocido por ella, lo que le produjo gran satisfacción.