—¿Alguno de vosotros se encargaría de un negocio difícil, en que hay que exponer la pelleja?—preguntó de pronto Ospitalech.

—Yo no—dijo Capistun.

—Ni yo—contestó distraídamente Bautista.

—¿De qué se trata?—preguntó Martín.

—Se trata de hacer un recorrido por entre las filas carlistas y conseguir que varios generales y, además, el mismo don Carlos, firmen unas letras.

—¡Demonio! No es fácil la cosa—exclamó Zalacaín.

—Ya lo sé que no; pero se pagaría bien.

—¿Cuánto?

—El patrón ha dicho que daría el veinte por ciento, si le trajeran las letras firmadas.

—¿Y a cuánto asciende el valor de las letras?