En la mesa redonda se habían sentado los dos bandos que habían jugado a la pelota, separados. Fernando, viendo que traían en una fuente piernas de carnero, dijo a dos o tres en voz baja:
—Yo no sé de dónde saca el amo estas piernas de perro tan hermosas y con tanta carne.
—¿Pero son de perro?—dijeron ellos.
—Sí, de perro; pero no se lo digáis a esos, que se fastidien.
—¿Pero de veras, Fernando?
—Sí, hombre; yo mismo he visto la cabeza en la cocina. ¡Era un perro de aguas más hermoso!
Dicho esto salió del comedor, y al volver tenían una cazuela con liebre.
Fué al otro extremo de la mesa y dijo a los del bando contrario:
—¡Vaya unos gatos más buenos que compra este fondista a los carabineros!
—¡Ah!, ¿pero es gato eso?
—Sí, no se lo digáis a esos, pero yo he visto las colas en la cocina.