—Era un hombre de mal gusto.
La vieja se acercó al extranjero y a Martín y entabló conversación con ellos. Era una mujer pequeña, de ojos vivos y tez tostada.
—¿Usted será carlista? ¿Eh?—le preguntó el extranjero.
—Ya lo creo. En Estella todos somos carlistas y tenemos la seguridad de que vendrá don Carlos con ayuda de Dios.
—Sí, es muy probable.
—¿Cómo probable?—exclamó la vieja—. Es seguro. ¿Usted no será de aquí?
—No, no soy español.
—Ah, vamos.
Y la vieja, después de mirarle con curiosidad, siguió barriendo las escaleras.
—Creo que le ha tenido a usted lástima al saber que no es usted español—dijo Martín.