—Sí.

—¿En dónde?

—En el convento de Recoletas.

—¡Encerrada! ¿Y cómo lo sabes tú?

—Porque la he visto.

—¡Qué suerte! ¿La has visto?

—Sí. La he visto y la he hablado.

—¡Y eso querías ocultarme! Tú no cres amigo mío, Bautista.

Bautista protestó.

—¿Y ella sabe que estoy aquí?