—¿Y te ha visto él?
—Sí.
—Claro, están los dos—exclamó Bautista.
—¿Cómo los dos? ¿Qué quieres decir con eso?
—¿Yo? Nada.
—¿Tú sabes algo?
—No, hombre, no.
—O me lo dices, o se lo pregunto al mismo Carlos Ohando. ¿Es que está aquí Catalina?
—Sí, está aquí.
—¿De veras?