—¿Eres tu, Martín?—preguntó Catalina en voz baja.

—Sí, soy yo. ¿No nos podemos ver?

—Imposible.

—Yo me voy a marchar de Estella. ¿Querrás venir conmigo?—pregunto
Martín.

—Sí; pero ¡cómo salir de aquí!

—¿Estás dispuesta a hacer todo lo que yo te diga?

—Si.

—¿A seguirme a todas partes?

—A todas partes.

—¿De veras?