—No replico.

—¡Hala! ¡Hala! A la cárcel.

Zalacaín vió que buscaban un pretexto para encerrarle y aguantó los empellones que le dieron, y en medio de los dos serenos entró en la cárcel.

CAPÍTULO XII

EN QUE LOS ACONTECIMIENTOS MARCHAN AL GALOPE

Entregaron los serenos a Martín en manos del alcaide, y éste le llevó hasta un cuarto obscuro con un banco y una cantarilla para el agua.

—Demonio—exclamó Martín—, aquí hace mucho frío. ¿No hay sitio dónde dormir?

—Ahí tiene usted el banco.

—¿No me podrían traer un jergón y una manta para tenderme?

—Si paga usted…