—¡Ah! Aquí están. Esto—añadió—es una copia de una narración que hace el cronista Iñigo Sánchez de Ezpeleta acerca de cómo fué vertida la primera sangre en la guerra de los linajes, en Urbia, entre el solar de Ohando y el de Zalacaín, y supone que estas luchas comenzaron en nuestra villa a fines del siglo XIV o a principios del XV.
—¿Y hace mucho tiempo de eso?—preguntó Tellagorri.
—Cerca de quinientos años.
—¿Y ya existían Zalacaín entonces?
—No sólo existían, sino que eran nobles.
—Oye, oye—dijo Tellagorri dando un codazo a Martín, que se distraía.
—¿Quieren ustedes que lea lo que dice el cronista?
—Sí, sí.
—Bueno. Pues dice así: «Título: De cómo murió Martín López de Zalacaín, en el año de gracia de mil cuatrocientos y doce.»
Leído esto, Soraberri tosió, escupió y comenzó esta relación con gran solemnidad: