—Porque no. Si no quédate ahí, ya verás si te pesca mi amo.
—¿Y quién es tu amo?
—¿Quién ha de ser? El domador.
—¡Ah! ¿Pero tú eres de aquí?
—Sí
—¿Y no sabes pasar?
—Si no dices a nadie nada ya te pasaré.
—Yo también te traeré cerezas.
—¿De dónde?
—Yo sé donde las hay.